Un cigarrillo, otro cigarro, un pucho más. La noche lenta va pasando y
todo tiene olor a 'esas noches'. Olor a esas noches que pasás despierta,
desvelada, y no encontrás otra solución que el tabaco y las lágrimas.
No tenés otra alternativa, estás atrapada en esas cuatro patas que te
incomodan ya, de tanto estar encima de ellas. Tenés calor y después
frío, tenés bronca. Sentís sueño de repente y cuando lo intentás te das
cuenta que no, que tirás unas cuántas horas más. Y va llegando el
momento en el que te quedás sin cigarrillos, y te vas dando cuenta y te
intentás dormir y no lo lográs. Y la bronca no para porque el celular no
suena y vos querés que vibre, que salte, que grite. Pero el celular no
hace nada, porque no recibe nada, vos no recibís nada. Porque esta noche
es un olvido más de tu existencia, esta noche la matás en música, la
ahogás. Vos que ya no sabés que más hacer para sentirte bien, intentás
dejar de llorar pero ves que tampoco podés, que de a ratos el llanto se
va pero estás seguro que siempre vuelve. Entonces pensás, reflexionás,
qué es lo que te está haciendo mal, eso pensás. Será que estás triste
por tu Coco o será que mandaste a cagar a tu Negro. Será que te peleaste
con tu Sil o será que nada más estás aburrida y querés sentirte mal. Y
en medio de tu reflexión el celular suena y las letras de la ventana se
mueven. Y el celular vibra pero no grita y ahi te das cuenta que no
estás tan mal y que querías escribir un poco para no perder la
costumbre. Porque te gusta escribir y mentir, porque te encanta darte
cuenta que para algo capaz servís. Y ahi es cuando terminás esto,
sabiendo que exagerás y que te encanta.
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