domingo, 12 de noviembre de 2017

autobiografía para cuanti

Me llamo Lucía. Ese es el nombre que mi mamá, Silvana, y mi papá, Darío, eligieron para mi cuando nací. O antes, no sé bien. Cuando tenía seis o siete años una amiga de mi mamá me contó que "Lucía" era una canción de Serrat, puso un cassette y me la hizo escuchar, y me dijo que por eso yo me llamaba así. Otra amiga de mi mamá - quien, de haber sido bautizada, podría ser mi madrina- quería que yo me llamase Lucía Belén. Mis padres tan ateos no sólo no me pusieron Belén, sino que no me bautizaron. Por suerte, ambas.
Mi apellido es Jiménez, como el de mi papá y como el de su papá, es decir, mi abuelo, pero no como el de su papá, Pedro Achával, mi bisabuelo. Resultó ser que Achával no quiso saber nada cuando mi bisabuela quedó embarazada y entonces, Juana Jiménez, lo crió sola y le dio su apellido.
Volviendo a mi nacimiento; nací un martes, diez de junio de mil novecientos noventa y siete. Al mediodía, por cesárea. Al momento de nacer, mis padres ya tenían otro hijo, de tres años y medio. Pedro Manuel, mi único hermano. Me recibieron con mucho amor, salvo mi hermano, con un poco de celos. Amor al fin.
Siempre pensé a mi familia en tres partes: por un lado mis padres y mi hermano, mi pequeña familia. Por otro lado mi familia paterna y por otro, mi familia materna.
Mi mamá es la mujer más impresionante que conocí en mi vida. A veces creo que nunca voy a terminar de saber todo de ella. Cuando creo que se cómo se siente o cómo va a reaccionar, me equivoco y me sorprende. Fue maestra de jardín, de grado, directora y vicedirectora de escuelas, y es profesora en psicopedagogía. Desde antes de que yo naciera trabajó de eso hasta hace tres años, cuando se jubiló, en los gabinetes de las escuelas primarias o los jardines de infantes. Educación pública hasta la muerte. Muy trabajadora. Alumna diez toda la vida. Exigente al mango. Tuvo una vida medio accidentada, en lo que respecta a accidentes físicos. Lamentablemente no puede hacer muchos esfuerzos, sufre muchos dolores y sólo se mueve en auto, porque cuando camina mucho queda tirada en la cama - o sillón - varios días. Maneja mejor que muchos hombres que conozco. Nunca vi a alguien con tantas ganas de hacer cosas como ella. Su cabeza trabaja a mil pensamientos e ideas por segundo. Todo lo puede porque todo lo quiere y todo lo que cree posible. Sabe de carpintería y de electricidad, si no la gana la empata. Pinta, arregla, cocina, diseña y cose ropa, hace todo bien. Te mira con su cara llena de amor y nada es tan malo como parece. Y en realidad sí. Pero su mirada te dice que no. Mi papá y el suyo, fueron los grandes amores de su vida. Sacó todo lo bueno de sus padres. Mira películas y series a más no poder. Antes leía mucho más, pero siempre lee. Usa bien internet, pero tiene un celular que solo manda mensajes de texto y llama. Se quedó con ganas de hacer una carrera universitaria. Fuma mucho. Viajó mucho por el país, sola, jóven. Tuvo muchos novios. Es feminista. Llora por todo, pero sobre todo ante las injusticias de la vida. Cada 24 de marzo llora y se lamenta no poder marchar. Me enseñó la mayoría de las cosas que hoy sé. Me hizo buena persona, o eso creo que soy, pero su intención fue esa. Ama a Silvio Rodriguez, al Che y a Bagglieto. A León y Pablo Milanés. A Julio Chávez también. Odia a Tinelli pero a veces lo ve(mos). Tiene mucho dolor adentro suyo y yo no sé como ayudarla. Es troska a más no poder.
Mi papá es la persona más inteligente e irritante que conozco. Su inteligencia es irritante. También docente, maestro de grado, luego maestro de adultos, después director, más tarde inspector. Trabajador y alumno casi diez toda la vida. Exigente al extremo. El cerebrito de la familia, el único que estudió después de la escuela secundaria. Fue a la escuela técnica entonces es medio carpintero, medio electricista, medio inventor, medio todo. Sabe todo y todo lo puede y todo lo hace.Otro que si no la gana, la empata. Lector a más no poder. Amante de la música, toca la guitarra y canta. No juega a la pelota, es de River cuando le interesa. Aunque, en algún momento, todo le interesa. De esos que tienen un gran historial de recitales, películas, series, libros y discos en su vida. Bueno, buen hijo, buen hermano, buen compañero de trabajo. No tan buen padre y marido, muy colgado para eso. Muy pacífico. No le gustan los problemas y no le gustan los chusmerios. No soporta las cosas que no le gustan. Es bastante rebajador cuando quiere. Es muy amoroso. Es muy bueno entreteniendo a la gente, a los niños. No le da verguenza nada. Es gracioso. Es sensible. Es zurdo convertido en kirchnerista. Le gusta el vino pero sólo lo toma en copa. El buen vino. Ama viajar, ama conocer y aprender siempre. También se quedó con ganas de estudiar en la Universidad. Es de esos que salen de la casa y se olvidan de cerrar las puertas, o de los que apoyan las cosas en el techo del auto y arrancan olvidandoselas ahí. Junta cosas que compra en ferias o levanta de la calle porque "algo va a hacer con eso". Finalmente, no hace nada y colecciona porquerias a más no poder.
Mi hermano, Pedro, es la persona más indescifrable que conozco. Es músico. Toca la guitarra como los dioses, es decir, como Jimi Hendrix o David Guilmour. No lo digo yo, lo dicen los que saben de música. Siempre fue alumno diez y de repente todo lo relacionado al estudio se termino hace varios años, cuando terminó la escuela y empezó a tener problemas de adicción. Al alcohol. Es un peligro andante. No apto para familias cardíacas. Es bueno, humilde, sensible, débil. Es único. Se culpabiliza de todo, todo el tiempo. Es tan útil como inútil, a veces. Heredó todas esas cuestiones manuales de mi papá y de mi mamá que yo no. Sabe arreglar cosas, sabe dibujar bien, sabe de computación y sabe de tristezas. Es inseguro y tiene mucha fuerza. Física, no emocional. Sacó también, de mis padres, la cuestión de los accidentes físicos. Tiene varios puntos y cicatrices en su cuerpo. También canta bien, y cualquier instrumento lo toca. No sabe bien que hacer de su vida. Es la persona más importante de mi vida.
La familia Quiroga, la de mi mamá, es de Avellaneda, con ascendencia italiana. Matrimonio compuesto por Juan Carlos Quiroga y Nelida Genoni, mis abuelos, quienes tuvieron dos hijas: mi madre y mi tía, Claudia.
El abuelo, conocido como Coco, nunca como Juan Carlos, era el mejor. Falleció en el 2013 culpa de un cáncer horrible - ¿cómo si existiese el cáncer bueno, no? -. Antes de que yo naciera, ya había tenido otro cáncer, en la larginge, culpa del pucho. Perdió las cuerdas vocales y tenía una traqueotomía hecha. Hablaba muy despacito y con un sonido ronco y tenía una especie de babero que le tapaba el agujero que tenía en la garganta. Eso lo limitaba mucho a la hora de reuniones con mucha gente y demás, pero era el hombre con más ganas de vivir que conocí. Era chistoso y multifunción: carpintero, pintor, escritor, cocinero. Todo lo hacía bien. Escuchaba música en su toca discos muy fuerte; tango, siempre tango. Anti-peronista total, hincha del Rojo de Avellaneda.
La abuela, hermosa. Nelly. Cocinera, mamá buena si las hay, única. Teje, cose, inventa juegos y se ríe como nadie. Es muy depresiva y haber perdido a su compañero no la ayudó. Contadora de cuentos única. La mejor abuela del mundo.
La tía Claudia Silvana, hermana mayor de mi mamá. Insistió hasta lograr que se llame como ella, aunque ella pretendía los dos nombres iguales. Mis abuelos arreglaron en Silvana Marisa y ella quedó contenta. Es hippie y vive en una nube. En realidad, vive en El Bolsón desde los años ochenta, cuando El Bolsón todavía era un pueblo de 1.000 habitantes y la mitad de esos vivían en comunidades hippies. Es profesora de artes plásticas y pinta como nadie. Es amorosa y es igual a mi mamá. Y, a la vez, son completamente distintas. Tuvo dos hijos: Santiago Agustín y Juan Martín, mis primos, mis hermanos. Santi, o "Paty", como lo conocemos todos, vive en Varela desde hace ocho años, entonces somos más cercanos. Literalmente, vive a media cuadra de mi casa. Es testaduro e insoportable en una discusión. Tiene buen corazón, pero está en un momento muy anarquista de su vida. Es como un hermano mayor para mi. Es músico, canta y toca la batería. Es escritor también. Juani, en cambio, es mucho más pacífico y sigue viviendo en El Bolsón. Cada vez nos vemos menos, porque el ya no viene tanto para acá y a nosotros nos cuesta cada vez más viajar para allá. Es bueno, es libre. Es muy sensible.
La familia Jiménez, la de mi papá, de Santiago del Estero. Mis abuelos, Anastacio y Juana, trabajadores, con todas las costumbres del campo a flor de piel. Mis tres tíos, Liliana, Mónica y Omar, nacidos en Santiago, como mi papá, pero migrados a Villa del Plata, Florencio Varela, muy chicos. A excepción de Omar, con quien casi no guardo relación, todas personas muy importantes en mi vida.
El abuelo, fallecido el año pasado, de pocas palabras, de mirada cálida y amorosa, me decía "mi niña". Me enseñaba a jugar a las cartas, se dejaba ganar. Tenía parkinson y un dedo doblado por haberse cortado un tendón. Era altísimo y morocho, curtido del laburo en el sol de la siesta del Chaco y de Santiago. Trabajador, buena persona hasta la médula.
La abuela, de palabras picantes, de no sentarse ni un minuto salvo al momento sagrado de la siesta, que directamente se acuesta a dormir. Amante de las plantas y de la comida casera. Las mejores empanadas del mundo las hace ella. Fanática de Evita y de Cristina, peleadora. Trabajó en un frigorífico, y antes en el campo desde pequeña. También teje cosas hermosas y hasta cose.
La tía Lili, la más grande de los cuatro hermanos. La mejor cocinera, trabajadora doméstica desde los quince años. Nadie plancha mejor. Inocente y de las mejores bailarinas de folcklore - sobre todo zamba - de las peñas del Conurbano. Me cuidó, me cocinó y charló conmigo todas las mañanas durante cinco o seis años. Casada con Dani, hincha de boca, campeón de Bosques (timbero), chistoso y canoso. Uno de mis tíos políticos o de vida o de corazón. Tuvo un hijo, Claudio. Mi primo mayor, me lleva casi veinte años. Es, muchas veces, mi confidente. Es el primo copado, que conoce a todos y todas en Varela y que siempre te engancha haciendo algo que no está bien. A su vez, él, tuvo una hija; Helena. 8 años. Puro amor, inocencia y consumo. La única pequeña con la que tengo química y puedo aguantar días. Una gran luz en mi vida.
La tía Mono, Moni, Mónica o Ester, como quieran. La tía sin hijos que todos quieren tener. Está en todo lo que necesite y todos los fines de semana me trae regalos, aún teniendo casi veinte años. Habilidosa con sus manos para coser, hacer decoraciones, jugar. Cualquier niño la ama, es la tía Moni... repostera, las mejores tortas. Trabajadora y peronista. Vive en Barracas, con Ame, -otra tía del corazón, también hincha de boca- desde antes de que yo naciera. Paseos, noches de juegos y diversión en la Capital durante toda la infancia con ellas. Aman a Cristina. Trabajan en el sindicato de los gráficos.
Por último, Marcos Jiménez, mi primo. El hijo de mi tío. Es inteligente, es amoroso, es único. Es talentoso en todo. Abraza tan fuerte que te lastima. Tiene seis años menos que yo. Es un pequeño, ya no tan pequeño, lleno de bondad, humildad y amor para repartir.
Tras la breve descripción de algunas, de las personas más importantes en mi vida, continuo con lo que realmente, es la historia de mi vida.
Tuve una infancia muy feliz, desde donde me acuerdo. Mi hermano y yo siempre nos llevamos bien, como cualquier par de hermanos. Jugábamos y peleábamos. Mi mamá y mi papá siempre fueron buenos en lo suyo, atentos, compañeros. Entretenidos y muy maestros. Nos dieron muchas libertades pero también nos cuidaron mucho. Crecí jugando con muchos varones, mis primos de El Bolsón, que venían para Buenos Aires siempre, o nosotros ibamos para allá. Los amigos de mi hermano del barrio. Los amigos de mi hermano de la escuela. Hasta que ya fuímos más grandes y empecé a tener a mis amigas para jugar.
Cuando tenía cuatro o cinco, mis papás se separaron durante un tiempo. Cuando se arreglaron, yo quería que sigan separados porque la pasábamos bien en el departamento que alquilaba mi papá. Mi hermano no estaba muy de acuerdo con eso.
Desde pequeña siempre quise ir al jardín. Y mientras iba nunca quería faltar. Lo mismo pasó en la escuela, hasta la secundaria, cuando la tortilla se dió vuelta y sólo quería quedarme en casa durmiendo. Siempre fui una "buena alumna", todo muy satisfactorio y después muchos "diez". Abanderada en la primaria, las maestras me querían y la familia orgullosa. Desde chica fuí muy vergonzosa, nunca me gustó actuar ni hacer nada delante de mucha gente, y lo peor que me podía pasar era que alguien me gaste en la escuela o se enoje conmigo. También siempre fui muy llorona y miedosa. Todo eso junto no era un buen cóctel. Cuando empecé patín artístico, a los ocho años, crecí mucho y la verguenza se fue. Para cuando llegué a la secundaria me encantaba hablar adelante de todos, ser la delegada del curso, querer hacer un centro de estudiantes. Las lecciones orales se volvieron fáciles y no me afectaban tanto, ya, lo que decían los demás.


to be continued

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